Antes que nada, queremos hacer hincapié en que, cuando nos vestimos de baserritarra, no nos estamos disfrazando. Nos estamos vistiendo como se vestían nuestros antepasados, por eso, nos tenemos que vestir con orgullo y total respeto.

Nuestros antepasados eran pobres y se pasaban el día trabajando en el caserío. Además de ser gente muy limpia y aseada, cuidaban mucho su vestimenta, y así debemos hacerlo nosotros también.

Como no disponían de mucho dinero, aprovechaban todo lo que tenían por casa: restos de sábanas, de manteles… absolutamente todo lo que les servía para alargar la vida de sus vestimentas.

A la hora de comprar telas no tenían mucho donde elegir. Los comerciantes llegaban a la tienda del pueblo y dejaban tejidos traídos de las grandes ciudades. Solían ser tejidos de fibras naturales como algodón o lino, y de todo tipo de estampados y colores (rayas, flores, cuadros…), aunque el color negro lo reservaban para las bodas y los periodos de luto.

Con las telas que compraban y los tejidos de hilo de lino que hacían en el caserío, se creaban sus propios trajes. Los usaban a diario para trabajar en el campo, y estaban pensados para ese fin. No solían ser trajes conjuntados, ya que, como hemos dicho antes, no tenían muchas posibilidades de elegir tejidos.

Antes de analizar las prendas tanto de hombre como de mujer, queremos recordaros que los trajes sobre los que nos basamos son de la segunda mitad del siglo XVIII y principios del siglo XX.